La historia de Jack el Destripador ya forma parte del imaginario colectivo. Los hechos que ocurrieron
en Londres allá por 1888, en el distrito de White Chapel, han quedado impresos
en la Historia forjando a su alrededor un entramado de leyendas e historias.
Jack, “vayamos por partes”, ha sido protagonista de películas, novelas, cómic,
etc. Y ahora, en Barcelona, es un musical.
En White Chapel hay un secreto
que inunda las calles. Un secreto a voces. Voces, por cierto, impresionantes, como
la de Clara Altarriba, que daba vida a Mary Kelly (la última asesinada por el
Destripador). Sus solos ponían la carne de gallina, por la intensidad y la
expresividad de su voz. Pero los demás estaban absolutamente a su altura,
grandes. Roger Borrull como el adinerado y avaricioso periodista William Neil.
Mónica Portillo como la prostituta Vicky, que jura perseguir a Jack hasta
detenerlo. Mireia Casado, que hace un doble papel: Tommy, el repartidor de
periódicos hijo de la prostituta Eli, y la propia Eli, ebria y desgastada por
la calle. Y por último, Víctor Genester, el forense de la policía Robert
Openshaw, que certifica las muertes de las asesinadas y tiene mucho que decir
al respecto. Todos ellos estuvieron inmensos, con voces que llenaron el teatro
de la magia del musical. Todo ello, acompañado de la música en directo de cinco
músicos: Marc Sumsi al piano, Maria Tió violín, Teresa Noguerón clarinete, Laia
Reverté violoncelo y Rafael Iniesta contrabajo.
Estamos ante una obra de pequeño
formato y de teatro de proximidad. Nosotras estuvimos en la quinta fila del
teatro y vivimos muy de cerca el espectáculo. Es curioso porque, hace ya
algunos años, mi hijo representaba todas las Navidades, con su colegio, “Els
pastorets” en esta misma sala. Y se me hace familiar estar sentada en una de
sus butacas (no excesivamente cómodas
pero de aquellas de los teatros de toda la vida).

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