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miércoles, 13 de noviembre de 2013

UN “LOVE STORY” DE ZOMBIES (RETORNADOS (The returned))


Ayer tarde, con mi invitación para el preestreno, me presenté en los cines Filmax del centro comercial Gran Via 2, para ver una peli que se estrena este viernes: “Retornados”. La película, dirigida por un barcelonés del Poble Sec, Manuel Carballo, estuvo este año en el Festival de Cinema de Sitges y, de alguna forma, ir a verla fue como volver al ambiente del Festival.

Aunque va de zombies, no es una película de zombies al uso. O quizá debería decir que en ella los zombies tienen algo que decir al respecto. En todo caso, se desprende en cierta manera de la tradicional pandémica-apocalíptica para ofrecer una imagen, quizá más prosaica pero definitivamente más realista (dentro de lo que cabe, ¡claro!), de lo que podría pasar si hubiera un virus capaz de convertirnos en zombies.  

Personalmente me gustó el planteamiento, aunque hubo algún que otro momento que se me hizo un poco largo. Reconozco que me quedé “traspuesta” unos minutos. No debió de ser mucho rato porque no perdí el hilo de la trama, no sé si porque ese trozo de la peli se me estaba haciendo algo más largo, porque llevaba cansancio acumulado o porque me estoy haciendo mayor. De la mitad de la historia hasta el final, el ritmo se acelera y pasan muchas cosas (que no pienso contar, ¡Id al cine!). Cosas que nos demuestran que... 

a) la gente, zombie o no, tendemos a reaccionar como de costumbre. 
b) que no se puede ir de bueno y 
c) que no te fíes de los amigos, que tiran más dos tetas que dos carretas.

Vamos, que en el fondo, además de una historia de zombies, tenemos una historia de amor, amistad, traiciones, gentucilla y cosas de esas.

Fue mi primera vez en ir sola al cine. No era la única porque el chico que se sentó a mi lado también iba solo y en la cola estuve hablando brevemente con una chica –que andaba tan despistada como yo- que también iba sola. Y, una vez sentada en mi butaca, comprobé cuanta gente venía sin acompañante como la que suscribe. Nunca antes –supongo porque iba acompañada y estaba de cháchara- me había fijado en ese detalle. Lo que sí es cierto es que la sala se lleno hasta los bordes.

También fue una novedad ir al centro comercial Gran Vía 2, al que nunca había ido y que es una especie de “copia” de las galerías Vittorio Emmanuelle de Milán (o a mi me las recordaron) con mucho mármol y dorado por todas partes dando una sensación de “siglo pasado” al conjunto. No tuve tiempo de mirar tiendas, cosa que dejare para otra ocasión. Pero ahora que ya he pillado el truquillo para ir, creo que no me costara regresar. 

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