Han estado por aqui

martes, 25 de noviembre de 2014

LISTAS QUE NO RAYAS

Hay dos cosas que siempre han estado presentes en mi vida de una manera poco formal: las listas y las estadísticas. Todo hay que decirlo, cuando estudiaba, la asignatura de Estadística era una de las que mejor se me daba, hasta el punto de que el profesor se fiaba de mis trabajos como guía de clase. Pero no era por mi alto coeficiente intelectual (que también, jajaja, seamos poco humildes) si no por una deformación personal: desde que recuerdo, lo de hacer estadísticas me encantaba.

Había llegado a hacer estadísticas tan estrambóticas, para matar el tedio, como contar cuantas vocales de cada salían en un texto. Luego, calculaba los porcentajes de cada una de ellas, sólo por el gusto de hacerlo. O cuantas veces salía una palabra o una letra de esas raras del Scrabble. La finalidad era… ninguna. Matar el tiempo muerto en momentos de gran aburrimiento. Como aquel verano en Sant Feliu, con 14 años, que me aburrí como una ostra veraneando con la familia. A pesar de las reiteradas excursiones que mi padre, que en paz descanse, organizaba ahora sí y luego también, el pueblo era de un aburrido que tiraba de culo. Nos salvó el squash, que jugábamos con dos raquetas cutres algunas tardes en un centro deportivo local. Mi padre, mis dos hermanos y yo, en una cutre pista que alquilaban a horas y que, generalmente, siempre estaba libre. También había caminatas campestres, excursiones a lugares de interés cultural, ir al mercado de la plaza del pueblo a comprar bizcochos borrachos, o esas mañanas que mi padre nos liaba a cavar en nuestro huerto particular y de las que casi todos huíamos por la derecha a la más mínima oportunidad.

Había tardes en las que la pereza nos podía, en las que a mi padre no se le ocurría que organizar, y yo me entretenía leyendo novelas de Agatha Christie de mi madre o contando los coches rojos que pasaban por debajo del balcón de mi habitación, que daba a una carretera secundaria que cruzaba el pueblo. No recuerdo los resultados de tan sesudos estudios… pero al menos las horas pasaban más rápidas.

Otra de mis aficiones es hacer listas. Desde que aprendí a escribir, me encantaba rellenar libretas con todo tipo de textos. Intenté escribir diarios personales pero a la que llevaba tres días no le veía la gracia de explicar mis cosas… Pero hacer listas era divertido. He llegado a tener libretas con listas de quien me enviaba felicitación durante las Navidades, o quien me había felicitado el día de mi cumple, o de donde recibía postales de amigas durante las vacaciones. Kilómetros de papel garrapateados con incontables listas. Y después de tantos años, mi afición a las listas continua: mis propósitos de cada año (que normalmente no se cumplen, pero aún no me he frustrado lo suficiente para dejar de hacerlas… las listas), la lista de los libros que leo cada año que pasó de ser de más de 50 libros anuales a un puñado que puedo casi contar con los dedos de las manos, listas de los lugares a los que he ido de excursión, listas de cosas que quiero comprarme, listas de libros que quiero encontrar y leer (que no están resultando muy útiles visto mi carencia de actividad lectora), listas de obras de teatro que he visto, de películas, de gastos (de ingresos casi nunca argh!), de la compra… La cuestión es buscar la excusa para crear una nueva lista. Supongo que soy carne de cañón para ese tipo de libros “1000 … que ver/leer antes de morir” pero el caso es que, hasta la fecha de hoy, no he leído ni comprado ninguno de esos. Hojearlos en la librería sí, que ya hubiera sido raro que no lo hiciera.

A veces esto de hacer listas ayuda a posicionarnos, a ver las cosas de otra manera, a organizarnos, a esquematizar... sea como sea, yo seguiré haciendo listas, ya sea por motivos prácticos o simplemente por la afición a hacerlas.

sábado, 20 de septiembre de 2014

YO SOY JACK...


La historia de Jack el Destripador ya forma parte del imaginario colectivo. Los hechos que ocurrieron en Londres allá por 1888, en el distrito de White Chapel, han quedado impresos en la Historia forjando a su alrededor un entramado de leyendas e historias. Jack, “vayamos por partes”, ha sido protagonista de películas, novelas, cómic, etc. Y ahora, en Barcelona, es un musical.

Ayer, junto a mi incansable compañera de teatros y demás actividades lúdicas y culturales, fuimos al Teatre del Raval a ver “L’esbudellador de White Chapel”, un musical dramático basado en el personaje, con una nueva forma de tratar los hechos. Una nueva propuesta. Un nuevo enfoque. A mí me encantó.

En White Chapel hay un secreto que inunda las calles. Un secreto a voces. Voces, por cierto, impresionantes, como la de Clara Altarriba, que daba vida a Mary Kelly (la última asesinada por el Destripador). Sus solos ponían la carne de gallina, por la intensidad y la expresividad de su voz. Pero los demás estaban absolutamente a su altura, grandes. Roger Borrull como el adinerado y avaricioso periodista William Neil. Mónica Portillo como la prostituta Vicky, que jura perseguir a Jack hasta detenerlo. Mireia Casado, que hace un doble papel: Tommy, el repartidor de periódicos hijo de la prostituta Eli, y la propia Eli, ebria y desgastada por la calle. Y por último, Víctor Genester, el forense de la policía Robert Openshaw, que certifica las muertes de las asesinadas y tiene mucho que decir al respecto. Todos ellos estuvieron inmensos, con voces que llenaron el teatro de la magia del musical. Todo ello, acompañado de la música en directo de cinco músicos: Marc Sumsi al piano, Maria Tió violín, Teresa Noguerón clarinete, Laia Reverté violoncelo y Rafael Iniesta contrabajo.

Estamos ante una obra de pequeño formato y de teatro de proximidad. Nosotras estuvimos en la quinta fila del teatro y vivimos muy de cerca el espectáculo. Es curioso porque, hace ya algunos años, mi hijo representaba todas las Navidades, con su colegio, “Els pastorets” en esta misma sala. Y se me hace familiar estar sentada en una de sus butacas (no excesivamente  cómodas pero de aquellas de los teatros de toda la vida).

El teatro está más vivo que nunca y no sólo lo digo yo, lo dice la cartelera que se llena de grandes y pequeñas obras (por formato) para todos los gustos. Tuve la gran suerte y la oportunidad de estar el pasado lunes en el Liceu para ver la gala Catalunya Aixeca el Teló en vivo y en directo. Descubres que el teatro está palpitante de vida, que hay tanto que ver… Y es un teatro nuestro, cercano, ya sea en castellano o en catalán, pero que nos pertenece culturalmente. Os recomiendo esta obra en concreto y que vayáis al teatro en general. Como con el cine, hacer una buena elección os hará salir de la sala con la sonrisa puesta en los labios. 

miércoles, 10 de septiembre de 2014

DADME DOS PIEDRAS...

... o tres, o un puñado, y levantaré mi pedrolito. Sí, no soy tan ambiciosa como Arquímedes, que con un punto de apoyo te movía el mundo a la de ya, pero... con unas cuantas piedrecitas de la playa te construyo un pedrolito la mar de majo.

Supongo que a much@s de vosotr@s os ha pasado últimamente, que estabais en la playa, o en una excursión y ¡zas! os encontráis un curioso montoncito de piedras, que no se habían puesto solas unas sobre otras, y os preguntaríais que podía ser. 

Pedrolitos en Sant Pol de Mar
Pues yo descubrí mis primeros pedrusquillos en Núria, en el año 2011, y este verano me he encontrado con algunos otros pedrolitos en la playa de Sant Pol. Y me entró la curiosidad y los fotografié y creé mi propio (y humilde, pero simpático) pedrolito con piedras recogidas en la playa. 

A todo esto... ¿y para qué se hacen? ¿Quién las hace? Quién, no lo sé... la gente. Para qué, es más fácil de responder. He estado haciendo una de mis investigaciones y esta tradición puede ser bastante viejuna por lo que parece. Por un lado, puede tener cierta relación con los túmulos irlandeses "cairns", que se construían en la antigüedad como monumentos sepulcrales o para usos prácticos o astronómicos, y hoy en día como puntos de referencia. Podían ser tan simples como un montoncito de piedras o llegar a elaboradas obras de ingeniería. 

También la cultura y religión coreana tradicional tiene sus montoncitos, bastante más parecidos a esos que hemos encontrado este verano en profusión. La gente va haciendo estos montoncitos con la finalidad de pedir un deseo o esperar algo bueno. Lo que no me extraña que estén proliferando porque, con la que está cayendo en estos pagos... ¿cómo no vas a desear que te pase algo bueno? 

Lo que decía, que parece que estos pedrolitos, como yo los he bautizado, tienen su origen en la cultura coreana y que, según he leído, originalmente se creía que, juntando la esencia de muchas piedras en un mismo lugar, se podía conseguir buena suerte, fortuna, esperanza, etc. También tiene cierta relación con el budismo. Como es una religión que respeta a creencias anteriores, no es raro ver estos montoncitos cerca de templos o en los mismos. 

Ah! Y quizá también hay un equilibrio zen asociado al tema... pero ahí tendría que leer más material antes de meterme en honduras. 

Buscando información en la red me he dado cuenta de lo muy asociadas que las piedras y la gente estamos. Monolitos, túmulos, obeliscos, cairns, dólmenes... incluso las casas en las que vivimos que, aunque cada vez tienen menos de piedra y más de pladur, pues también son originalmente de origen piedroso. Nuestras cuevas de la modernidad. 

Os dejo unas fotillos que hice en la playa y mi pedrolito personal
. 

viernes, 5 de septiembre de 2014

LA VIDA RESUELTA ??

Si es cierto eso de que nos podemos reír de nuestras miserias y, aún así, seguir adelante, intentando mantener intacto nuestro sentido del humor, ayer fue el día. Día, con mayúscula.

Con mi niña, a la que tengo que agradecer que me haya metido de cabeza en el mundo del teatro, fuimos a ver el estreno de "La vida resuelta" al Teatro Borrás, con más bien poca idea de lo que íbamos a ver, pero -como siempre- con ganas de pasar un buen rato y disfrutar de esa afición que estamos cultivando juntas desde hace ya... ¡tres años! ¡Cómo pasa el tiempo!

Dos parejas y una madre soltera se encuentran en la clase de una guardería esperando su turno para entrevistarse con la dirección para conseguir plaza. Dos parejas bastante peculiares. Una, el divorciado que roza los cuarenta con su novia de 20 y pocos. La otra, la superyuppie con el marido que se ha convertido en la chacha y la canguro del hijo común de dos años. Y para acabar de adobar el tema, aparece la madre soltera con siete meses tras el ombligo, que también espera conseguir plaza para su Violeta. 

Y a partir de esa premisa, la obra trata de cosas tan diversas que mejor vais al teatro, veis la obra y opináis. La sonrisa, -y las carcajadas-, está garantizada. Los actores, todos, están inmensos. Mi "Povedilla" de los Hombres de Paco, impresionante. Un actor de pies a cabeza Carlos Santos. Pero qué decir del resto del elenco, Cristina Alcázar, Adriana Torrebejano, Berta Hernández y Javier Mora.  Están todos tan metidos en su papel que te los crees desde el minuto 0. Una comedia de situación en la que nos sumergimos en el apasionante mundo de las relaciones, de las parejas, y de la vida en general. Creo que contar más de lo que estoy contando aquí sería casi un sacrilegio porque estaría fatal romper la magia de esa hora y media de risas, diálogos chispeantes y un buen puñado de ternura. 

Después, cuando sales, con la sonrisa pegada a la cara y la sensación de haber pasado una hora y media fantástica, quieres que todos vayan a verla y salgan igual que tú del teatro. Felices aunque sea algo efímero.  

jueves, 21 de agosto de 2014

Disculpen las molestias

Hacía mucho que no escribía en el blog. Por causas ajenas a mi voluntad en ocasiones y, principalmente por no estar muy inspirada para contar mis pequeñas tonterías. Pero esto de escribir es lo que tiene, que regresa a ti cuando menos te lo esperas y voy a intentar volver a escribir de forma periódica porque me lo pide el cuerpo y sobretodo los dedos que se pierden por aporrear un teclado. Cosas de mecanógrafas entre otras. 

Como no quiero que esta entrada en el blog sea un "Hola ke ase?", aprovecharé para recomendaros un libro que he estado leyendo este mes pasado, que me gustó y que creo que vale la pena leer. Es una historia que navega entre la ternura y la marginalidad, no sin cierta dosis de edulcorante, que haberla, hayla, pero con tonos muy humanos. Muy Amèlie, también. No por nada, la película basada en la novela fue protagonizada por Audrey Tautou. Como yo vi la película antes de leer el libro (cosa rara, o no tanto, pero no habitual), me fue imposible imaginar a Camille como alguien distinto. 

La novela habla de gente sola, de lazos invisibles entre desconocidos que van dejando de serlo, de ser familia sin tener lazos de sangre, de la vida, las relaciones, la soledad, la vejez y mil pequeñas cosas más. No habla de grandes temas, sólo de personajes bastante humanos, con muchas miserias acuestas. Es una novela que, a pesar de narrar ciertas penalidades de los personajes, es amable con ellos. Y no los juzga, te deja a ti hacerlo, aunque realmente se nota que la escritora les tenía cariño. ¿Os animaríais a leerlo?

Los datos:


Título: JUNTOS, NADA MÁS (yo lo leí en catalán, "Junts i prou")
Autor: ANNA GAVALDA
Páginas: entre 500-600 según edición.

Si os gusta la novela, creo que vale la pena ver la película. Y si no sois mucho de leer, intentad ver la película. Si os gustó Amèlié, está también os gustará porque es, sin serlo, del mismo estilo. 




miércoles, 13 de noviembre de 2013

UN “LOVE STORY” DE ZOMBIES (RETORNADOS (The returned))


Ayer tarde, con mi invitación para el preestreno, me presenté en los cines Filmax del centro comercial Gran Via 2, para ver una peli que se estrena este viernes: “Retornados”. La película, dirigida por un barcelonés del Poble Sec, Manuel Carballo, estuvo este año en el Festival de Cinema de Sitges y, de alguna forma, ir a verla fue como volver al ambiente del Festival.

Aunque va de zombies, no es una película de zombies al uso. O quizá debería decir que en ella los zombies tienen algo que decir al respecto. En todo caso, se desprende en cierta manera de la tradicional pandémica-apocalíptica para ofrecer una imagen, quizá más prosaica pero definitivamente más realista (dentro de lo que cabe, ¡claro!), de lo que podría pasar si hubiera un virus capaz de convertirnos en zombies.  

Personalmente me gustó el planteamiento, aunque hubo algún que otro momento que se me hizo un poco largo. Reconozco que me quedé “traspuesta” unos minutos. No debió de ser mucho rato porque no perdí el hilo de la trama, no sé si porque ese trozo de la peli se me estaba haciendo algo más largo, porque llevaba cansancio acumulado o porque me estoy haciendo mayor. De la mitad de la historia hasta el final, el ritmo se acelera y pasan muchas cosas (que no pienso contar, ¡Id al cine!). Cosas que nos demuestran que... 

a) la gente, zombie o no, tendemos a reaccionar como de costumbre. 
b) que no se puede ir de bueno y 
c) que no te fíes de los amigos, que tiran más dos tetas que dos carretas.

Vamos, que en el fondo, además de una historia de zombies, tenemos una historia de amor, amistad, traiciones, gentucilla y cosas de esas.

Fue mi primera vez en ir sola al cine. No era la única porque el chico que se sentó a mi lado también iba solo y en la cola estuve hablando brevemente con una chica –que andaba tan despistada como yo- que también iba sola. Y, una vez sentada en mi butaca, comprobé cuanta gente venía sin acompañante como la que suscribe. Nunca antes –supongo porque iba acompañada y estaba de cháchara- me había fijado en ese detalle. Lo que sí es cierto es que la sala se lleno hasta los bordes.

También fue una novedad ir al centro comercial Gran Vía 2, al que nunca había ido y que es una especie de “copia” de las galerías Vittorio Emmanuelle de Milán (o a mi me las recordaron) con mucho mármol y dorado por todas partes dando una sensación de “siglo pasado” al conjunto. No tuve tiempo de mirar tiendas, cosa que dejare para otra ocasión. Pero ahora que ya he pillado el truquillo para ir, creo que no me costara regresar. 

domingo, 3 de noviembre de 2013

PRISIONERAS


Una tarde de cine puede ser una tarde de cine o puede ser una tarde de anécdotas y cine. Ayer ese fue el caso.

Aprovechando aquellas entradas gratis que nos dieron por hacernos una foto friki y colgarla en Instagram, decidimos ir a ver “Prisioneros” ayer. Había otras propuestas, pero esta peli la teníamos más o menos bien puntuada, salía nuestro querido Hugh y bueno… que había que escoger una de la cartelera. Y de un cine donde nuestras entradas gratis fueran efectivas. Y allí que nos fuimos.

No fue fácil llegar a la sala. O nosotras eso de la orientación… porque entramos en la “supuesta” sala, armamos la marimorena para buscar nuestros asientos, porque se nos fue el santo al cielo mientras comíamos un delicioso ramen en Udon, y cuando, tras algunos desencuentros, conseguimos sentarnos… ¿pues no salía Sandra Bullock en la peli? No, en “Prisioneros” no sale, lo que pasa es que nos habíamos equivocado de película. Evidentemente era una comedia, porque la gente se reía. Yo insistiéndole a mi amiga que aquello debía ser un anuncio previo a la peli. Pero nunca habíamos visto un trailer tan largo y tan completo. Nos habíamos equivocado de sala y eso era patente. En fin. A  lo que vamos.

Conseguimos encontrar la sala y las butacas asignadas gracias a la señora de la limpieza que fue muy amable (y debió pensar que estábamos como cabras). Nos sentamos y… 145 minutos de tensión in crescendo. Es una de las películas más angustiosas y tensas que he visto en muuuuucho tiempo. Que Jackman hace su papel convincente, si. Que hay intriga, si. Que impactan los paisajes y escenarios, sí. Pero la angustia de todo el metraje es palpable y te pone los pelos como escarpias. No sé si esta película volveré a verla nunca más. Las sensaciones que me transmitió esta película fueron muy inquietantes y ambas salimos de la sala con los nervios a flor de piel. Nos dio hasta un ataque de risa a la salida, comentando nuestras desventuras previas, pero era más producto de lo nerviosas que estábamos que de otra cosa. Porque fue divertido pero igual no para tanto. O sí. 


La trama gira en torno a un secuestro y a cómo se enfrentan unos padres a algo así. Cada personaje se enfrenta a la situación de manera muy distinta, desde la tristeza a la ira. Las piezas del puzzle van encajando lentamente, desenredando una trama oscura y repulsiva.

145 minutos mas tarde salimos a un centro comercial prácticamente desierto, con una sensación de desazon y ganas de irnos a casa. Hemos decidido que, la próxima vez, vamos a ver una comedia. 

lunes, 21 de octubre de 2013

SITGES, THERE WE GOOOOO


CRÓNICA DEL FESTIVAL (2013)

Durante años quise ir al Festival de Cine Fantástico de Sitges pero, entre una cosa y otra, siempre quedaba pospuesto, hasta que conseguí ir un año y luego fui repitiendo todos los octubres que encontraba a alguien que le gustara tanto como a mí. En varias ocasiones fui con mi ex pareja que, aunque no era tan aficionado al género fantástico como yo, se dejaba llevar y disfrutaba del ambiente.

Tras un periplo sin festival de un par de años, encontré a la compañera perfecta con quien ya he repetido este año. La diversión comienza cuando empezamos a escoger la película y continua con lo mucho que disfrutamos desde que llegamos a la estación hasta que aterrizamos de regreso.

Este año, además, hemos hecho doblete: los dos fines de semana. El primero, reunión de locuelas (y cía). Fuimos a ver “A glimpse inside the mind of Charles Swan III”, protagonizada por Charlie Sheen, que hacía de Charlie como de costumbre. Salimos del cine con cierta extrañeza en los rostros. No sabíamos muy bien porqué esa película estaba en el Festival. Tiene algo de onírico pero no deja de ser una casi continuidad de la serie “Dos hombres y medio”. A pesar de que todas confesamos habernos quedado algo traspuestas en algún momento de la proyección, reímos con algunos gags y no salimos del todo decepcionadas. La peli tuvo algunos momentos buenos y se dejaba ver. Nada que ver con la extravagante peli que fui a ver en mi primer Festival (no recuerdo el título pero era de un raro que tiraba de espaldas).


Este último fin de semana teníamos la ilusión de poder ver una película verdaderamente de ciencia ficción, que es nuestro género favorito. Pero no hubo suerte. Las entradas para “The machine” estaban agotadas. Así que escogimos una de terror: “Haunter”. Protagonizada por una crecidita niña de “Little Miss Sunshine”, la trama es bastante interesante. Juega con el tiempo y el espacio. Un poco entre “Atrapado en el tiempo” y “Los Otros”. Nos gustó bastante y valió la pena el retraso en entrar a la sala. Estaban proyectando la película sorpresa que resultó ser “El retorno del Jedi” y no sé que hacía toda esa gente ahí dentro… pero allí fuera nos dolían ya los pies.

Para colmo, pensando que nos daría tiempo de pillar el tren de regreso, decidimos pasarnos por la sala Brigadoon a experimentar eso de ver una peli gratuita. El título en cuestión era “Oltre il guado”. Una peli de fantasmas italiana que resultó tener una muy buena escenificación y que, bueno, nos dio algunos sustillos. Nos dejó un sabor agridulce. Porque por una parte mantuvo nuestra atención (que no la de nuestro vecino, que se echó una cabezadita) y la tensión durante buena parte del metraje. Pero queda inconclusa, con un final demasiado abierto para mi gusto. O quizás es que nosotras queríamos saber más, que nos dieran más datos del porqué y el cómo. De todas formas, no nos pareció una mala elección.


Luego vino nuestra epopeya para regresar a casa. Porque perdimos el último tren regular  a Barcelona y hasta la 01,20 de la madrugada no salía el último, expresamente preparado para los aficionados al festival que salen a las tantas de las maratones. Y que iría petadísimo de gente. En la estación nos indicaron donde coger el bus pero cuando llegamos a la parada, no había señales de que fuera a pasar ninguno en las próximas 48 h. Éramos tres, contando a un chico que nos encontramos en la estación y con el que nos fuimos para allá. Y luego cuatro, cuando apareció una chica que estaba segura que a las 23,40 pasaba uno. Nuestras dudas quedaron despejadas cuando empezó a llegar gente y se reunió allí una multitud . Para cuando apareció el autobús, éramos mil y la gente se lanzó como poseída para pillar asiento. Nosotras, que llevábamos allí desde el inicio, no tuvimos remilgos y pillamos sitio para sentarnos. Casi llegaron a repartirse tortas. Uno que acababa de llegar, quería colarse en primera fila y se ganó un buen rapapolvo. No sabemos si, al final, quedó en tierra con un puñado de gente o no.

Y así finalizó nuestro segundo año de Festival juntas. Y esperamos que no sea el último. 

martes, 8 de octubre de 2013

¡¡¡¡QUE MALA ES LA ENVIDIA (COCHINA)!!!!


La sesión de coaching de ayer, entre otras cosillas, trató de un capítulo más sobre las personas tóxicas. Tocó “l@s envidios@s”.

La charla comenzó con una fábula:
Una serpiente perseguía a una libélula para comérsela y ya a punto de hacerlo, la libélula le pidió si podía hacerle unas preguntas, a lo que la serpiente estuvo de acuerdo porque nada perdía. “¿Te he hecho algo”. La serpiente respondió que no. “¿Por qué me quieres comer, si no formo parte de tu cadena alimenticia?”.  La serpiente lo pensó apenas un instante y le respondió: “Porque brillas”.
La envidia es un mal peor que el hambre, porque es un hambre del alma. La persona envidiosa, realmente, lo pasa mal, porque la insatisfacción que se genera al envidiar es realmente agotadora. Como otras cosas (como la culpa) es algo completamente inútil y enfermizo. Nos debilita. Envidiar no resuelve nuestros problemas. Ser envidiado no es sano. Si brillas en algo (el éxito, desde mi punto de vista, no sólo es en el trabajo… hay miles de formas de tener éxito sin que involucren dinero o cosas materiales) tienes que tener presente que serás envidiado. Y la ponente nos dio unos cuantos buenos consejos para poder auto-reflexionar sobre si somos envidiosas y en qué grado, y cómo manejar una situación en la que somos envidiados.

Hizo una especie de “test” mental para que pudiéramos, de forma interior y sincera, evaluarnos como envidiosas. Contesté a dos preguntas que sí. Si critico a gente que no conozco (¡¡¡Bah!!! Soy criticona, pero en realidad cuando lo hago me trae bastante al pairo… es por debatir o por hacer hablar. Como cuando criticaba al pobre Ben Affleck porque le cogí manía porque salía en un anuncio de champús… ¡ya se me paso!) y la otra, no la recuerdo pero creo que iba por los derroteros de si, alguna vez, has sentido algo que no sea envidia sana. Y quien no lo haya sentido, aunque sea una vez en su vida, que tire la primera piedra. ¡¡Pero que apunte a otro lado!!!

También hablo de cómo tenemos que perseguir el éxito a través de nosotras mismas (si, éramos todas chicas) porque que las cosas nos salgan bien es algo que tenemos que trabajar desde el interior. Que no depende de nadie ni de nada, si no de nosotras mismas. Porque TODO lo que somos está en nuestro interior. Conocerse a una misma, valorar los defectos y virtudes, asumir nuestros defectos y conocerlos. Y, sobretodo, amarnos a nosotras mismas con todas nuestras fuerzas. Nos propuso hablar con nosotras cada mañana, frente al espejo, como un ejercicio de auto-convencimiento y decirnos: “Pero que buena estas y que estupenda eres”. Porque nuestro cerebro, que es una maquina muy obediente, responde a los estímulos que le damos. Si le repetimos que no nos va a pasar… no nos pasara. Pero si le decimos que si… al final se lo creerá y obraremos en consecuencia. Bueno, yo a eso lo llamo tener seguridad en una misma (conociendo tus límites y tus defectos, por supuesto). El NO lo tenemos siempre (es algo inherente a cualquier pregunta). Pero podemos trabajar para tener el SI. Y si nos queremos mucho-mucho, querremos a los demás también mucho. Y nos querrán. Y querer y que nos quieran es la pera limonera.

Salí de la charla llena de energía positiva, de una especie de euforia agradable. Hoy aun reflexiono sobre la charla de ayer. ¡¡A ver de qué nos habla el próximo dia!!

martes, 1 de octubre de 2013

GENTE TÓXICA, HABERLA HAYLA


Ayer estuve en una sesión de coaching que resultó muy interesante y que tocó un tema con el que me sentí bastante identificada. Ahora os cuento…

En mi vida, desafortunadamente, ha habido personas tóxicas y muy tóxicas. Y afortunadamente, en este momento, he conseguido reducirlas a la mínima expresión. Una de las personas más tóxicas que he tenido en mi vida intentó durante un par de años manipular mis emociones a través de la culpa y de ese tipo de personas hablaron ayer, de los “meteculpas”.

La frase aquella de “después de todo lo que he hecho por ti y mira como me lo pagas” es la síntesis del/a meteculpas. La culpa es una de esas cosas inútiles que hay que enviar donde se envían las cosas inútiles: a freír espárragos. Si te equivocas, asume tu responsabilidad y pide perdón. La persona que tiene que perdonarte tiene dos opciones: hacerlo o no. Pero no es responsabilidad tuya y, si no quiere perdonarte tampoco puedes hacer nada al respecto. Y lo que no debes hacer por nada del mundo es fustigarte con el látigo de la culpa. Te deja ronchones y hace que pierdas el control de tu vida.

Adan y Eva (Lucas Cranach, el viejo, 1513)
Adan y Eva (Alberto Durero - 1507)
La ponente nos hizo la siguiente pregunta: “El pecado original. ¿Quién fue el culpable?”. Inmediatamente, y en un susurro, no pude contenerme y dije “¡Adán!”. Era medio en broma, medio en serio, pero realmente Adán tenía tanta culpa como Eva de comerse la manzana. Porque la gente es responsable de sus actos y no podemos echarle la culpa a los demás de aquello que hemos hecho nosotros. Adán podría haber dicho “no, gracias, prefiero comer mangos” y quedarse tan ancho. Pero no lo hizo y luego ¿Quién es culpable del delito? Eva en concreto y las mujeres en general. Evidentemente a Adán se le atraganto la manzana, de ahí viene “la manzana de Adán” (ese bultito en el cuello que algunos hombres tienen tan acentuado y las mujeres NO tenemos). ¿Por qué? Porque Eva se comió la manzana y asumió su responsabilidad (y es culpable del delito de comerse SU manzana) y Adán le echo la culpa a Eva pero, en el fondo, sabía que era culpa suya. ¡Caray! Acabo de resolver un gran misterio de la Biblia.

A veces, los meteculpas no se dan ni cuenta de que lo son. Simplemente les es práctico o más fácil culpar a los demás de los errores propios. Ellos se quitan el peso y lo trasladan a su víctima que, si se deja embaucar por la culpa va a caer en un círculo vicioso que cuesta mucho romper. En mi caso, mis meteculpas, creo que no sabían realmente el arma que estaban manejando. La utilizaban por costumbre y habito, porque les acababa dando, en muchas ocasiones, buenos resultados.

Así que, cuando alguien quiera hacerte sentir culpable, no dejes que te cieguen las emociones y analízala. Es probable que te des cuenta de que esa culpa no es tuya. Y si lo es, pide perdón y asúmela. 

viernes, 27 de septiembre de 2013

VACIO INTERIOR


Eso de sentir un vacío sin saber muy bien por qué lo conozco. De hecho paso todos los días buscando mil y una cosa para rellenarlo. Pero es curioso eso del vacío que, algunas veces crees que casi te has acostumbrado a él. No echas de menos a alguien que duerma a tu lado, ni echas de menos la compañía en el sofá viendo una peli, ni cocinar juntos o hacer planes para el fin de semana.

Haces esas cosas tu sola y, aunque a veces te entre el pinchacito de la soledad, acabas por ver que no lo llevas tan mal. Quizá porque cada día que pasa te sientes más cómoda en esa situación, porque los recuerdos se borran o se difuminan con el tiempo, porque tomaste la decisión correcta en su momento y sabes que hiciste lo que debías. Aun así, hay días en los que el vacío te supera y es cuando necesitas de toda tu energía para desterrarlo y enviarlo a plantar champiñones al desierto. Que se entretenga allí y te deje en paz.

Llegará un día que ese vacío dejará de existir, bien porque ya no habrá vacío o porque, de tanto acostumbrarme, habrá dejado de serlo. Tiempo al tiempo. Todo necesita su tiempo para madurar. Y yo soy impaciente y siempre espero que las cosas pasen más rápido de lo que requieren.

Mi vacío y yo nos hacemos compañía. Llegará un día que, en vez de una molestia será un aliado. Eso espero. Mientras espero... lleno mis horas de vacío con miles de cosas que también me hacen feliz.

domingo, 28 de abril de 2013

BARCELONA SHOWCASE EN LA CASA BATLLÓ


Aunque el sábado lluvioso lo que le pedía al cuerpo era quedarse en casa y remolonear un buen rato en la cama, la propuesta de mi amiga Carme, para visitar una exposición en la Casa Batlló, era demasiado jugosa como para perderse la oportunidad. Teníamos invitaciones para el evento, que era gratuito pero con reserva, nuestras cámaras de fotos y ganas de compartir la mañana juntas.

Barcelona estaba pasada por agua, como he dicho, y llegamos a la Casa Batlló con los paraguas chorreando. Menos mal que en la entrada nos cogieron los tickets y nos dieron una estupenda bolsita de plástico para meter nuestros paraguas, para poder visitar la expo con comodidad y sin ir dejando un rastro de goterones por todas partes. Eso me ha dado la idea de ir siempre con una bolsa del super en el bolso (que, además, puede tener otras funcionas) los días de lluvia.

Nos sorprendió una exposición muy interesante y muy cercana, porque en casi todas las ocasiones era posible hablar con los autores de las obras expuestas. Nuestro primer encuentro fue con Edmundo Sanz Gadea, que exponía un cuadro que, personalmente, me encantó. Un cuadro bastante minimalista cuya única huella de color era un globo rojo. Hubiera quedado genial colgado en la salita de estar de mi casa, pero… el presupuesto no llegaba y tendré que esperar a que me toque la Primitiva para comprarle una de sus obras.

Carme y yo comentamos nuestra personal actitud hacia el arte y ambas coincidíamos en nuestra opinión. ¿Qué es el arte? ¿Pelarse de frío? Noooo. El arte es todo aquello que mueve tus sensaciones hacia la belleza, que te cautiva, te habla, expresa algo que te hace reflexionar, te seduce, te hipnotiza. Recuerdo que eso me pasó hace dos años, visitando el Thyssen en Madrid, frente a uno de mis cuadros favoritos. Es algo tan subjetivo como el gusto de cada cual (lo de "para gustos los colores"). Por ello, había algunas de las “cases” que nos saltábamos alegremente y otras en las que nos deteníamos, hacíamos fotos, nos entreteníamos en comentar y, si la ocasión lo facilitaba, hablábamos con el autor o la autora. Curioso que, casi todas las obras que más nos atraían, fueran de mujeres.

El colorismo explosivo y el estilo naif de las obras de Wilma Burton o el estilo simple y minimalista de PaulaCox fueron nuestros siguientes targets. Tan distintas y, a pesar de ello, sus obras nos llamaron poderosamente la atención. Mi favorita de Wilma fue la danzarina exótica (supongo que el que haya hecho danza oriental tiene algo que ver con ello) y de Paula, con quien hablamos un buen ratito y nos invitó a visitarla en su taller del Born, la simple pero sincera figura de “Ensueño”.
Hubo muchas obras que captaron nuestra atención pero sólo voy a comentar las que lo hicieron especialmente. En la planta inferior, donde la luz no favorecía mucho la exposición como sí lo hacía en la superior, encontramos los sencillos pero impactantes muebles restaurados de Cherine Nasrí, una artista canadiense que vive en Bélgica y con la que chapurreamos con nuestro mejor inglés de Wisconsin. Sus muebles tienen algo de mágico y de sencillo.

A la salida nos espera la lluvia impenitente en una ciudad grisácea y húmeda. Bajamos por el Passeig de Gracia hacia la Plaça Catalunya, las dos emocionadas comentando la visita de la exposición. Tras un café para calentarnos en la cafetería del FNAC, nos sumergimos en la locura que nos posee cuando estamos en una librería. Dos horitas en el FNAC mirando y remirando, comentando, buscando y decidiendo. Si te llevabas dos libros te regalaban la taza de Aleix Saló (“Simiocracia”, entre otras). Yo elegí un libro de mi tema favorito: el craft. “Puntada a puntada” de Jane Bull, un libro ilustrado para hacer diferentes proyectos en patchwork, ganchillo, bordado, punto y tapiz. Y el segundo, una novela al estilo de “El Club de los viernes”: “Las cenas de los martes” de Monika Peetz. Exprimimos nuestras tarjetas de crédito en la caja y salimos la mar de felices con nuestras compras. 

lunes, 24 de octubre de 2011

¿A QUE HORA DICE USTED QUE TENGO QUE CENAR?


Hacia mucho tiempo que no escribía nada en el blog, desde antes de las vacaciones. La semana pasada me pasó una anécdota que, además de que creo que es interesante comentar, me dio para pensar en cómo nos adaptamos o nos obligan a adaptarnos a las situaciones. No estoy en contra del turismo, ni mucho menos, pero si, como luego comento, en París se cena de 6 a 8... ¿Por qué en Barcelona también si no es la costumbre habitual de muchos? En fin, leed y, si os apetece, comentad. 

***

Habíamos quedado para ir a tomar algo por el centro. Como es lógico, estaba lleno de gente, muchos turistas por todas partes. Hemos andado bastante porque no había ni una sola mesa libre en ninguno de los bares por los que pasábamos hasta que al final, en una calle cercana a la Catedral del Mar, hemos encontrado mesa. La camarera nos ha dicho que si era para cenar o para tomar algo (era para tomar algo) y, ante nuestro estupor, nos ha dicho que las mesas eran SOLO para cenar. ¡A las seis y media de la tarde! 

Como no queríamos liarla, nos hemos levantado y nos hemos ido. Caminando, caminando, encontramos sitio (varias mesas vacias) en una terraza de Via Laietana, un bar que hay junto a la placeta esa donde están las murallas y siempre paran autocares. Nos sentamos. Al cabo de mil años viene el camarero porque le hemos estado haciendo señas, si no, no se acerca jamás. Le pedimos dos claras y nos dice que solo sirven cenas. 

Y aquí, sale la fiera que hay en mi. Le pregunto que cómo es posible que a las 7,15 (miro la hora en mi reloj) no pueda tomarme una cerveza en una terraza y me obliguen a cenar a esa hora. Me contesta que son normas del local y que hay un cartelito (uno diminuto que ni se ve) donde lo pone. Le digo que me parece genial, pero si hay alguna ordenanza que obligue a cenar a esa hora. Me contesta que no lo sabe pero que son normas del bar. Le pido el libro de reclamaciones y me contesta que vaya a la barra y hable con el encargado. Le digo que no me pienso levantar, que cuando me traiga el libro de reclamaciones, dejaré mi queja por escrito. Que vaya a buscar al encargado, pero ya. 

El camarero se va sin tomarnos nota y yo me propongo no moverme de ahí. Mi amigo me mira entre sorprendido y divertido, con lo modosita que yo parezco. En poco menos de un par de minutos viene a nuestra mesa otro camarero, este un chico español. Lleva una libreta en la mano. Saluda. Le pregunto si me trae el libro de reclamaciones o piensa tomarnos nota. Me da la razón, nos toma nota y nos pide disculpas. Le comento que me parece genial que los turistas tengan la costumbre de cenar a las seis o las siete de la tarde (hay un grupo de turistas cerca zampándose una paella) pero que yo soy española y me gusta cenar a partir de las 9,30. Me vuelve a dar la razón. Las dos claras vienen ipso-facto a la mesa y nos quedamos tranquilamente sentados, charlando, hasta que nos da la gana de marcharnos. 

Cuando estuve en Paris tuve que adaptarme a los horarios de cenar y comer de la ciudad. Y lo hice. ¿Por qué en mi propia ciudad tengo que adaptar mis costumbres a las de los turistas? A mi me parece genial que cenen a la hora que quieran, lo respeto pero... si a las 7 de la tarde me quiero tomar una cerveza en una terraza con mesas de acero inoxidable y sillas de idem... me la tomo. No hace ni tres días me senté en una terraza de un glamuroso restaurante tailandés de la calle Consejo de Ciento y me sirvieron dos cervezas a las ocho y media de la noche. Y encima, acompañadas de pica pica. Y encima me costó exactamente lo mismo que nos han costado estas dos claras.

En fin, que me parece de recibo quejarme. Si os pasa... pedid el libro de reclamaciones, ya veréis que pronto os atienden... Que ya está bien que la ciudad sea para los de fuera y para los de aquí... dos piedras. Y supongo que, aunque yo hablo de Barcelona, en la mayoría de ciudades pasará algo semejante. 

lunes, 18 de julio de 2011

LA VIDA ES COMO UNA CAJA DE BOMBONES...

Esta frase de Forrest Gump ya es un clásico. Y, a todas luces, una constatación de hechos. Lo malo es que, a veces, los bombones están en condiciones precarias, están caducados, se han derretido con el calor o son incomestibles. No siempre son dulces, ni tienen sorpresa en su interior (o la sorpresa del interior no es la guinda o la gotita de licor)… Y como decía la madre de Forrest, “nunca sabes qué te va a tocar”.

Ayer, viendo una película, me llamó la atención una frase que decían en ella: “la gente entra y sale de tu vida. Algunos te sorprenden, a otros los echas de menos… en cualquier caso, tu vida sigue”. No recuerdo las palabras exactas, así que esta es una versión libre mía, aunque creo que bastante aproximada. Si combináis la frase del primer párrafo y la del segundo, hasta es posible construir con ellas dos una especie de filosofía de vida. Quizás un poco de eslogan publicitario pero, en todo caso, bastante útil. Si somos capaces de comprender que la vida es una continuidad de eventos, anécdotas y experiencias, de personas que aportan a nuestra vida cosas buenas, malas, anecdóticas o aleccionadoras, es posible que estemos en el camino para sacarle todo el jugo posible a esta nuestra corta existencia. Y como dice una amiga mía, no sabes que cosas buenas te están esperando a la vuelta de la esquina, aunque la esquina parezca un poco lejos.

Si hay algo que no paramos de hacer durante toda nuestra existencia, a veces de forma totalmente involuntaria (además de respirar y tal), es aprender. De las experiencias, de nuestros aciertos y de nuestros errores. La capacidad del ser humano para aprender es muy amplia y, a la par, es muy torpe. ¿Cuántas veces no tenemos delante de las narices una situación de la que deberíamos aprender y no lo hacemos? Por torpeza, por terquedad, por inseguridad, etc. Cada cual tendrá sus razones. Ya lo dicen, que el hombre (y la mujer) tropieza dos veces en la misma piedra.

Todos navegamos con rumbo incierto por las aguas procelosas de la vida, a veces creyendo que vamos al timón, otras nos toca fregar la cubierta, en ocasiones nos subimos al mástil y nos despistamos buscando tierra en el horizonte… Incluso es posible que, de vez en cuando, embarranquemos en algún lugar o zozobremos tontamente en una costa solitaria donde hace un frío del copón. Si somos capaces de clavarle a la barquichuela cuatro tablones para reparar la vía de agua, o de ponernos a hacerle chapa y pintura… cuanto menos seguiremos hacia delante. Las velas se zurcen, los cascos se reparan y a la cubierta siempre se le puede dar una mano de barniz. 

"No sé si todos tenemos un destino, o si estamos flotando casualmente como en una brisa... pero yo creo que pueden ser ambas, puede que ambas estén ocurriendo al mismo tiempo. ". Tom Hanks (Forrest Gump)

martes, 12 de julio de 2011

ME DA EN LA NARIZ...

Ayer, en un hilo de conversación, un amigo me recordó un relato que yo había escrito, hace algunos años, que él había descrito como un relato olfativo. Porque, entre otras descripciones, yo insistía en las percepciones de la protagonista acerca de los olores. O mejor dicho, hedores. Y es que, aunque el olfato no sea uno de los sentidos a los que les damos más prioridad, su función va más allá de la pura función informativa.

Un olor puede retrotraernos a un recuerdo del pasado, por ejemplo. Puede atraernos, repelernos, puede hacernos salivar de hambre, puede cambiar incluso una atracción por un rechazo. Quizás el olfato no es un sentido tan vistoso como la vista, valga la redundancia, ni tan directo como el tacto o tan sublime como el sentido del oído.

Tengo un buen puñado de recuerdos olfativos. Quizás el que describo en mi relato, que ayer rebusqué en el baúl de los recuerdos, rescaté y leí divertida, aunque aplicado a una historia totalmente ficticia, sí formaba parte de mi memoria olfativa. Recuerdo, hace veinte o más años, pasar un fin de semana en una pensión de mala muerte, de esas que tiene el baño en el pasillo y has de compartir con un puñado de desconocidos. Cuando está libre. Recuerdo los pasillos de suelo de linóleo, las paredes cubiertas por un papel pintado de flores amarilleadas por el tiempo… pero lo que se me quedó grabado fue aquel olor que lo impregnaba todo, un olor a verduras, a col hervida –y rancia-.

Otro recuerdo bastante intenso en cuanto a olores se convirtió en un antojo. Yo debía estar de cuatro o cinco meses, pasé por una callecita en la que había un colmado de Llegums Cuits (legumbres cocidas) y me asaltó, a traición y sin avisar, un aroma de lo más tentador: de lentejas cocidas. Me asaltó, me envolvió y no tuve mas remedio que volver sobre mis pasos y comprarme un cucurucho de lentejas. Y digo que se convirtió en un antojo porque una de las comidas favoritas de mi hijo son estas legumbres. Le haces un estofado de lentejas en pleno mes de agosto y es feliz.

Un perfume demasiado intenso puede convertir un trayecto de ascensor en una tortura para tu sentido olfativo. Un ligero aroma a colonia de hombre te puede hacer girar 180º la cabeza en la búsqueda visual de su origen. Vivimos rodeados constantemente de olores: la fetidez de una cloaca en un seco día de verano, el aroma de jazmines durante un paseo, el hedor de sudor rancio en la hora punto del metro o el bus, un hilo de incienso pasando junto a la puerta de una tienda (a veces, entro en una tienda sólo porque el olor que emana de ella me encanta), la fetidez de los tubos de escape en un semáforo, o ese tufillo mareante de la gasolina mientras repostas (que no sabes si te gusta o no). El olor picante del césped recién cortado, el aroma de un café, la fragancia dulce de un bebé, las esencias que nos invaden en una tienda de especias, el olor del papel de un libro, o el de la tinta de un periódico recién comprado. O el aroma de un buen vino, y aquí dejaría a mi amigo Luís que se explayase en su descripción, cosa que no se le da bien… se le da de maravilla.

Y por si no tenemos suficiente con todos esos olores que nos rodean por todas partes, despertando distintas reacciones y distintos sentimientos, rememorando recuerdos en ocasiones… nosotros mismos somos una fuente inagotable de aromas. Bueno, estoy hablando del cuerpo humano bien aseado (sin el “bien”, también somos una fuente inagotable pero no precisamente de aromas). Aunque uno, a si mismo, no se acostumbra a oler, los demás sí lo hacen. El olor corporal de una persona puede atraernos incluso más que otros elementos más palpables y a la vista. Te puede gustar su físico, sus ojos, su sonrisa… pero si te gusta su olor, estás perdida.

martes, 5 de julio de 2011

QUE PAREN EL MUNDO QUE ME BAJO UN RATITO

No sé vosotros, pero a mí, de vez en cuando, me entra una desazón inexplicable, o quizá no tanto, cuando contemplo el mundo a mi alrededor. ¿Por que no me gusta el mundo en el que vivo? Hmmm… no demasiado. Considero que está hecho a medida de unos cuantos para el disfrute de unos pocos y el esfuerzo de la mayoría. Y que nos venden la moto y, encima, la compramos. Que nos engañan y, al mismo tiempo, nos engañamos. No nos engañemos… los tiempos no han cambiado tanto desde que Roma era la Roma Imperial. Ahora tenemos televisores 3D, ascensores, vehículos a motor, Internet y otras tantas ventajas procedentes de la tecnología… pero seguimos siendo, básicamente los mismos. Mismas pasiones, mismos afanes, mismos defectos. Que la pátina del siglo XXI no nos confunda. Que el hábito no hace al monje. Y el Ipad no nos hace distintos. Ni mejores.

Vivimos en un mundo que corre tanto que, en ocasiones, es demasiado rápido. Te compras un móvil y, al mes, ya no sabes si es una antigualla desechable. El PC nuevo de trinca va a quedar desfasado en cuanto te despistes. Te compras el Ipad y sacan un modelo mejorado y con más prestaciones. Vivimos pendientes de demasiados factores materiales que nos obligan a estar al día constantemente. Todo gira tan rápido que, muchas veces, agradecerías que el mundo se detuviese un instante para poder respirar profundamente. Pero no puedes pararte. Nuestro mundo es imparable y exige cada día más de nosotros.

¿Y la gente? Miro a mi alrededor y veo mucha insatisfacción, poca ilusión y demasiado estrés. La gente que lo tiene todo no parece contenta con ello, los que no lo tienen, sufren porque quisieran y no pueden. Quienes tienen pareja, no la cuidan y no la respetan. Y quienes no, desean tener a quien cuidar y querer. Los que tienen un buen trabajo, no lo valoran en su justa medida, y los que no lo tienen, darían lo que fuera por tener un trabajo mínimamente digno. La gente acampa exigiendo derechos, pero las revoluciones  languidecen en cuanto se acercan los meses de vacaciones. Hay una cierta tensión en conseguir las vacaciones soñadas, aunque sea a costa de liarnos la manta a la cabeza. Todo el mundo habla de la crisis pero los bares están prácticamente saturados un sábado por la noche. Pillar mesa pasa por apuntarse a una lista de espera. En las rebajas, hay que darse de tortas para poder mirar la ropa expuesta para, después, hacer largas colas tras el mostrador de pago.

Algo así me iría de perlas :)
Quizá son las incongruencias de este mundo en ebullición las que me hacen sentir esta desazón hoy. Intento ir a mi ritmo, a mi paso, pero yo misma me veo envuelta en la vorágine. Incluso, cuando tengo una tarde sin planes que me hagan correr de aquí para allá, me cuesta relajarme. Echo de menos un tiempo en el que podía sentarme en un porche, con un té de frutas y un libro, dejando pasar las horas, disfrutando la lectura y la brisa de la tarde mientras, poco a poco, el día llegaba a su fin. No sé dónde han ido aquellos días pero los añoro. Y, retrospectivamente, los recuerdo como una época en la que, si el mundo no se detenía, yo me bajaba en un apeadero anónimo y me daban lo mismo los horarios de los trenes, porque no pensaba coger ninguno.

Llegados a este punto del texto me pregunto si lo que me pasa es que necesito unas vacaciones. Me parece que sí. Una pequeña maleta y unos cuantos libros bien escogidos deberían ser mis únicos compañeros de viaje. Me gustaría regresar al lugar del que emanan esos recuerdos de paz. Desconectar del mundanal ruido, de las tecnologías e incluso apagar el móvil. Aunque sea durante una semana. Quizá sea suficiente. Quizá no. Pero tendré que intentar que lo sea para que, tras ese corto periodo, pueda volverme a enfrentar con las prisas. 

lunes, 4 de julio de 2011

CUATRO DE JULIO (Y SIETE DE JULIO... SAN FERMIN)

Por estos pagos, lo del cuatro de Julio supongo que a la gente le trae al pairo. Y encima es lunes, que sumado a que no es fiesta, que no celebramos ninguna independencia y que empieza la semana, pues supongo que no hay gran cosa para tirar cohetes y demás artefactos pirotécnicos. O se nos acabaron ya con San Juan (y el olvidado San Pedro).

Es curioso esto del cuatro de Julio. Nos han bombardeado con películas que tienen como tema de fondo esa famosa fecha que, a la mitad del mundo ni nos va ni nos viene. Pero no sólo es el día de la Independencia de los EEUU, también es el día en el que nos libramos de los alienígenas malos gracias a Will Smith. No puedo remediarlo, siempre termino por asociar la fecha con esa película. Supongo que si en vez de norteamericana, la peli hubiera sido francesa, la fecha escogida habría sido otra… ¿Y si fuera española? ¿Y si los catalanes, a golpe de cop de falç, hubiéramos derrotado a los alienígenas?

¿Cómo celebraré mi cuatro de julio? ¿Tengo algo interesante que celebrar? Miro mi apretada agenda y constato que no. Aunque ya es bastante celebrar que hoy es un nuevo día y que, hasta que te metas en la cama, no sabes qué cosas te puede deparar. Entonces, abro el periódico de turno y empiezo a leer cosas que no me gustan: vertidos de petróleo, muertes por violencia doméstica, un niño muerto por un perro, que las crisis de pareja se duplican, que los alcaldes no se bajan el sueldo y que una institución bancaria va a cobrar dos euros por mes a los que tengan un saldo medio inferior a 2000 euros en la cuenta. Vamos, que si no iba a tirar cohetes por el cuatro de julio… aún peor me lo ponen. Busco con cierta preocupación alguna noticia que me alegre el día, pero que Kate Moss se haya casado no me interesa gran cosa y mucho menos trasciende en mi vida. Ni que Lorenzo haya ganado en MotoGP… aunque me gusten las motos. Un par de cosas me llaman la atención, que empieza la temporada del Cinema a la Fresca en Montjuich y que esta semana viene un espectáculo de Bollywood a la ciudad.

No sé si la película del viernes me ha sensibilizado especialmente y por eso estoy algo cínica. Aunque “cínica” no sería la palabra adecuada, seguramente lo es desilusionada. Porque no sé si vamos para atrás como los cangrejos (o, más bien, de lado) y la vida sólo nos da una de cal para luego darnos una de arena (o dos). No se si las noticias “agradables” (ni siquiera las puedo llamar “buenas”) compensan todas esas angustiosamente preocupantes. Sé que por unas horitas, mientras disfruto de una película recostada sobre el césped del foso de Montjuich, las olvidaré. O, durante lo que dure el espectáculo de color y danza de Bollywood, quedarán aparcadas un ratito. ¿Es eso todo lo que hay? ¿Momentos fugaces? ¿Instantes perecederos? Pues vaya.

Al final de todo, leo mi horóscopo y constato que hoy no se ha mojado para nada. Lo que dice es tan ambiguo que me hace sonreír. Para él también es lunes y, supongo, que predecir nuestro futuro un lunes no inspira ni al más imaginativo. A los Aires les hace falta un poco de sur para poder ver el norte. Los Tauro deben cuidar a alguien que quieren de verdad. Los Géminis se aburren en el trabajo. Los Cáncer están protectores. Los Leo van a ver a los amigos. Los Virgo tienen asuntos con gente implicada (esperemos que no en algún atraco a furgón blindado). Los Libra van a estar de exámenes o tendrán algún tipo de prueba. Los Escorpio no revelan sus intimidades. Los Sagitario están a punto de cambiar de aires. Los Capricornio descansan de las tensiones. Los Acuario están en una situación momentánea de hacer lo que les place pero que no durará. Y por fin, amigo Piscis, preocúpate de la gente a la que quieres. Buscad el vuestro y mirad cómo puede encajar en el día de hoy. Yo lo tengo muy fácil. De hecho, lo tendría fácil fuera cual fuese mi horóscopo. 

viernes, 1 de julio de 2011

COMPLICÁNDONOS LA VIDA HASTA EL INFINITO... Y MAS ALLA

Seguro que, el que más el que menos, os habéis preguntado porqué todo tiene que ser tan absurdamente complicado cuando podría ser alegremente tan sencillo. Los problemas son como las setas pero, como parece que no tenemos suficiente, nos creamos unos cuantos más. Supongo que debe ser algo intrínseco a la condición de homo sapiens.

Ayer tuvimos una de esas conversaciones “profundas” en casa. Todo comenzó hablando de matemáticas. ¿Para qué sirven? Fue la pregunta que disparó el tema. Esta vez, metida a científica de pacotilla, le expliqué que, independientemente de si luego le servían o no para estudiar una carrera, tenían una misión importante: desarrollar la capacidad lógica. Le pareció una buena respuesta pero… por supuesto era imposible que la cosa quedara ahí, que yo ya me conozco el percal. Sin comerlo ni beberlo, llegamos a los números… que son infinitos. Pero ¿y el espacio? ¿Por qué el cosmos es infinito? Y como tengo un churumbel muy descreído, que lo cuestiona todo, tuve que explicarle que el hecho de que sea o no infinito no va a resolvernos gran cosa. Que las teorías de si eso es finito o infinito, al no poder ser demostradas, no nos pueden dar una respuesta de SI o NO categórica. Que no, que no podía demostrarle de forma alguna que el espacio se acaba en algún sitio.

Él quiere respuestas concretas y yo le digo que, algunas preguntas las tienen y otras no. Y que mientras nos emperramos en buscar respuestas a todas esas incógnitas, se nos escapa el tiempo de las manos, que no se agobie. Tuve que explicarle que el ser humano tiene una capacidad limitada, que habrá cosas que no podamos ni llegar a imaginar porque están más allá de nuestra comprensión. Claro que el no sabe que el cerebro de su madre está frito de tanto leer ciencia ficción y no tiene ni idea de dónde se mete.

Pero la cosa no podía quedar ahí… porque entonces, ¡plaf! Apareció Einstein y la liamos. Porque yo aún no entiendo la teoría de la Relatividad y decirle que todo es relativo pues no parecía una respuesta de las que admite sin más. Lo remití a Google. Reconozco que ya me lo preguntó anteriormente, que lo miré yo en la Wikipedia y me quedé igual. Como por ahí no parecía que yo fuera a ser de gran ayuda, terminamos en la Luna. ¿Y porqué no vamos a la Luna? Como si yo supiera alguna cosa porque trabajo en la Nasa. Para salir del paso, le dije que gastarse un pastón en enviar un cohete a la Luna para ver cuatro piedras  seguramente no era muy rentable. Ya, pero… ¿volveremos a ir a la Luna? Porque resulta que el chaval estaría interesado en ver la Tierra desde el satélite, que debe ser un flipe. ¿Y se ve la Muralla China desde el espacio? Yo comenzaba a pensar que nuestra conversación, saltando alegremente de un tema al otro, no iba a acabar nunca. Sí, se ve desde el espacio. Búscalo en Internet. ¿Y qué de qué tamaño se ve en comparación con el resto del planeta? ¡¡¡Argh!!!

Vuelvo al tema del inicio… ¿por qué nos complicamos siempre la vida? ¿No tenemos suficiente con que nos digan esto es finito, esto es infinito, esto es posible y aquello imposible? Reconozco que no, que yo misma me cuestiono constantemente cosas que, si no me las cuestionara, posiblemente se resolverían por si mismas. Evidentemente, mi hijo tiene mucha curiosidad y encuentra fascinantes esos temas. Espero que, dentro de unos años, no utilice esa capacidad preguntona para cuestionarse cosas más prosaicas y complicarse la existencia.